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2016 La Educación clásica y la eutopica

La Educación clásica y la eutopica

Academia

La Educación clásica y la eutopica 

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Jhon Pinedo Lopez 
Investigador, sede Montería
Economista







La educación clásica en occidente enseña a los estudiantes como utilizar las herramientas básicas del aprendizaje, a fin de apreciar lo mejor de la cultura occidental, utilizando sinfonías, pinturas y literatura de Homero, Platón, Shakespeare y Cervantes, entre otros. Se caracteriza por la búsqueda de la verdad, la formación de carácter y la educación moral de los estudiantes, quienes se encuentran sujetos a una disciplina férrea, siguiendo una tradición que considera el carácter moral tan importante como la capacidad académica. En ella, el profesor está investido de autoridad (no de autoritarismo),  y parte de su tarea es animar a la virtud, inculcar restricciones contra la amenaza de la inmoralidad y transmitir una herencia cultural.

Este modelo de educación fue exitoso durante varios siglos en países que lograron los más altos niveles de desarrollo socioeconómico y tecnológico, y dentro de los cuales sobresalen Inglaterra, Estados Unidos, Suiza y Holanda. Sin embargo, comenzó a ser cuestionado a partir del siglo XIX por racionalistas y naturalistas, quienes consideraron que la moral no era una verdad objetiva, así como tampoco lo eran las demás virtudes bíblicas en las que se apoyaba este modelo; sino más bien, el producto de creencias subjetivas que reprimían, enfermaban y esclavizaban al ser humano. 

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Entre estos racionalistas y naturalistas sobresalen John Dewey, J. J. Rousseau, Sigmund Freud, Jean Piaget, Charles Darwin, Gustav Fechner, B.F. Skinner, Friedrich  Nietzsche, Carlos Marx y Margaret Sanger,  quienes contribuyeron, directa o indirectamente, al modelo constructivista, el cual sostiene que el conocimiento no es objetivo sino una construcción social, y hace énfasis en el proceso y no tanto en el contenido. Bajo esta perspectiva,  a los estudiantes no se les debe enseñar hechos y verdades sino a conducir un proceso de averiguación; tampoco se les debe dar respuestas correctas, sino enseñar a construir sus propias soluciones, a través de la interacción con grupos. Este modelo da por sentado que los estudiantes son capaces de determinar la verdad última por si solos, en un mar de subjetivismo.

Conforme a lo expuesto, anotamos que en el modelo clásico se hace énfasis en la moral establecida por Dios, el respeto, los deberes y la responsabilidad de los estudiantes, mientras que en el utópico, prima el relativismo moral y los derechos por encima de todos los valores. Consideramos que es utópico, por cuanto pretende educar al ser humano sin tener el conocimiento acertado del mismo  y por asumir que sus creencias son verdades objetivas. En este sentido, no logra cumplir las promesas individuales de sus defensores, principalmente la de liberar al ser humano de la ignorancia, violencia, pobreza, enfermedades y desigualdad. Por el contrario, de acuerdo a las estadísticas sobre desnutrición, maltrato infantil, explotación sexual, delincuencia, corrupción, drogadicción, homicidios, violencia contra la mujer y necesidades básicas insatisfechas, vemos que no es la solución.

Como conclusión destacamos que, un modelo que rechaza los absolutos morales no es la solución, por cuanto está demostrado que las personas muy instruidas también tienen codicias, pasiones internas (egoísmo, envidia y orgullo), y ambición de poder, que no pueden ser eliminadas con experimentos ni retórica, sino a través de un modelo adecuado, que libere al hombre de estas pasiones y logre llenar los vacíos existenciales que no logra el dinero, ni los títulos, filosofías e ideologías. Este modelo está disponible en la Biblia, pero la mayoría de personas se resiste a aplicarlo, aunque no se sabe si es por ignorancia, porque contradice las ideologías antropocéntricas  o porque de manera errónea se le considera religioso. Es el único que establece un estándar perfecto de verdad, justicia y amor, que conduce al anhelado bienestar general y a la paz.