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2014 Articulos de investigación

Articulos de investigación

​​Articulos de Investigación

Los Estudios Prospectivos y la gestión del conocimiento

La mirada a las tendencias del futuro ya sea tecnológica, económica o social en los planes de desarrollo de cualquier entidad, región o país,  y la consecuente toma de decisiones forma parte de los procesos de gestión de cualquier administración. Actuar reactivamente o no tener en cuenta, a la luz del presente, las tendencias de los cambios tecnológicos y sociales es un factor que ha afectado sensiblemente los procesos de planeación del desarrollo y en consecuencia la competitividad de los sectores productivos, sobre todo en países con economías emergentes. Si por añadidura, existen debilidades en la inversión en desarrollo de capital humano, capaz de asimilar los cambios tecnológicos que depara el futuro; y las actividades de investigación, desarrollo e innovación tanto en el sector académico como en el empresarial no son suficientes, la brecha tecnológica entre los países desarrollados y en desarrollo será cada vez más grande. En los países de escasos recursos y con grandes problemas globales como la pobreza, el desempleo, la salud y la educación es necesario planear estratégicamente el desarrollo y optimizar el destino de los pocos recursos de que disponen. 


No se trata de esperar pasivamente que los adelantos de la ciencia y la tecnología lleguen haciéndole el juego al determinismo tecnológico, la lógica a emplear es tratar de predecir y preparase para los cambios que inexorablemente las sociedades, las economías y las tecnologías tendrán, y de cierta manera,  sometiendo el futuro a favor de los intereses propios de desarrollo de la sociedad. En estos tiempos de cambios constantes, las empresas, para tener éxito, están obligadas a prepararse, asimilando los efectos de la globalización de la economía  y los fenómenos asociados como son  las nuevas tecnologías, la aparición de nuevos productos y mercados, el crecimiento de la competencia, la innovación permanente, entre otros factores.  Frente a este escenario se impone, por una parte, anticiparse a las crisis permanentes en que se ven envueltas producto de la falta de flexibilidad, visión, y obsolescencia de las estructuras productivas con que cuentan y por otra,  adoptar una actitud proactiva de cara al futuro utilizando la información y oportunidades disponibles en su entorno local, regional y nacional.  Cabe preguntarse ¿cómo es posible que la mayoría de las empresas colombianas, que no son las grandes empresas,  puedan planear un futuro de 10-15 años si no conocen que pasará en los próximos días?
No obstante, ese fatalismo que se presenta en los países en desarrollo, dada por la brecha tecnológica que separa los países desarrollados de los que se encuentran en vías de desarrollo, se hace necesario que la gestión del conocimiento, derivado de los estudios prospectivos, fluya a todo el entramado empresarial porque corren la suerte de realizar ejercicios de planeación estratégica sin contar con información relevante de las tendencias de futuro.  


Colombia tiene un camino recorrido en estudios prospectivos, existe un interés nacional y regional por el empleo de esta herramienta de planeación y gestión, sin embargo no se ha analizado la relación existente entre esos estudios de prospectiva realizados y las políticas de investigación, desarrollo e innovación actuales, los planes estratégicos de desarrollo de los sectores y los territorios, propiciando un estudio comparado que permita el análisis crítico de la situación colombiana. Existe información acerca de las políticas de investigación y desarrollo en países desarrollados, y de las vías utilizadas para lograr que los estudios prospectivos sean meros ejercicios académicos pero ¿cómo funciona esa articulación para los países en desarrollo, como el caso colombiano? ¿Cómo conocer que gestión del conocimiento se ha realizado a partir de los costosísimos estudios prospectivos que se han realizado? 
Es necesario apuntar que Colciencias, en trabajo conjunto con algunos ministerios entre los que se destaca el Ministerio de la Agricultura y el concurso de expertos de altísimo nivel han desarrollado varios ejercicios prospectivos que proveen al sector productivo de información notablemente  valiosa.  Aun cuando muchas organizaciones  no han valorado el conocimiento como fuente de ventaja competitiva, las organizaciones exitosas han evidenciado la necesidad de incluir los procesos de gestión del conocimiento interno y externo, porque ya no basta con ofrecer productos y servicios que satisfagan necesidades, se requiere dar valor agregado permanentemente mediante la innovación y para ello tiene que tomar fuerza en las organizaciones la vigilancia tecnológica y la inteligencia competitiva. Los estudios prospectivos realizados contienen una información que ha rastreado  el conocimiento y la ha consolidado en una agenda prospectiva.  


Una vía para conocer el impacto que estos estudios han tenido es seguir su trazabilidad y tratar de conocer qué influencia han tenido en el sector productivo estas agendas prospectivas.  De esta forma se estaría  evaluando  que gestión del conocimiento han realizado los entes públicos a favor de ese activo estratégico que es el conocimiento.


El Grupo de investigación en Administración, operaciones y producción, de la Facultad de ingeniería de la Universidad Cooperativa de Colombia, a partir de la línea de investigación Organización y desarrollo empresarial,  viene ejecutando un proyecto que ahondando en los estudios  prospectivos tecnológicos realizados en dos cadenas productivas, pretende evaluar la influencia que estos estudios han tenido en el desarrollo del sector.

Josefina de Llano Feliú

Docente tiempo completo

Facultad de Ingeniería

Universidad Cooperativa de Colombia, sede Cali


Reflexiones sobre la investigación etnográfica. perspectivas, sujetos, realidades y nuevas formas de conocimiento​


“Yo me conozco y llego a ser yo mismo sólo al manifestarme para el otro, a través del otro y con la ayuda del otro. El mismo ser del hombre, tanto interior como exterior, representa una comunicación más profunda. Ser significa comunicarse”.
Mijaíl Bajtín

Pensar  la relación entre psicología e intervención social no es una cuestión reciente. El surgimiento de una perspectiva social y cultural en la disciplina se constituyó un camino para analizar desde los significados sociales, las prácticas de la vida cotidiana y el cambio social, la complejidad de la realidad social y las implicaciones que tiene trabajar los problemas de salud mental por fuera de los modelos clínicos tradicionales. Y fueron precisamente las particularidades culturales, las que adquirieron una dimensión trascendente tanto en las movilizaciones como en sus contenidos para promover un cambio social. Desde esta nueva perspectiva se definieron lugares y sujetos para la intervención social y los procesos sociales fueron asumidos como complejos y dinámicos. A la vez esto significó que se desarrollarán procedimientos y herramientas que no sólo abordaban al individuo, sino también a grupos y comunidades desde el reconocimiento de las relaciones e interacciones a nivel social, político y económico que las configuran y otorgan sentido a las experiencias vitales. 


En consecuencia, desde este referente la intervención según Montero (2004) se consolidó como un instrumento para el cambio social, es decir, como aquella que trata de la comunidad y que es realizada con la comunidad. Emergiendo así en el escenario de las ciencias sociales la comunidad y la vida cotidiana como categorías sociales e históricas fundamentales, para la comprensión tanto de lo subjetivo como de lo intersubjetivo. Desde allí, Freitas (2008) a su vez sostiene que los problemas sociales que se proponen en la actualidad exigen a la psicología nuevos retos y responsabilidades para la construcción y reconstrucción de una sociedad más justa e igualitaria, pues estos tiene implicaciones en el orden estructural de la sociedad y repercute en las relaciones cotidianas al hacerlas más frágiles.


Para la Psicología Social Comunitaria la intervención social se asumió entonces para “desarrollar, fomentar y mantener el control y poder que los individuos pueden ejercer sobre su ambiente individual y social para solucionar problemas que los aquejan y lograr cambios en esos ambientes y en la estructura social” (Montero, 2004). En este sentido, Arango (2007) propone la intervención como un dispositivo de investigación social realizado con y desde la comunidad, pues es la misma comunidad la que en últimas es la que investiga su propia realidad al entrar a definir, analizar y resolver lo que representa en su sentido un problema social.


Desde este marco de definiciones conceptuales, la intervención pretende otorgar lugar y mayor responsabilidad a los individuos y a sus comunidades, siendo para ello necesario su participación activa y decisoria en los procesos propuestos para la construcción y resignificación de la sociedad. Asimismo, la cotidianidad en la que transcurre la vida de los sujetos cobró una total importancia, pues a partir de ella, es que emergen relatos que indican la transformación de la realidad social y la idea de un modelo de mundo con un sentido comunitario (Carballeda, 2002). 


En este camino resulta fundamental reflexionar sobre el alcance que tiene el concepto de comunidad como elemento fundamental en el diseño de proyectos de intervención social. Apelando así al concepto de comunidad como un escenario –territorio y vínculos- social y cultural en el que se desarrollan las cotidianidades de las personas, entendiendo que esta definición no obedece de antemano a algo dado o determinado, sino que es una construcción colectiva –histórica devenida: contenedora de memorias individuales y colectivas-  que se dinamizan a partir de vínculos basados en relaciones de confianza fundadas en la solidaridad y la reciprocidad mutua. 

Otro aspecto central que debe ser discutido desde la construcción y desarrollo de proyectos de intervención social, tiene que ver con el tipo de relatos que se proponen movilizar o hacer emerger en estos procesos; para ello retomaré los cuestionamientos de Bruner (2003) cuando pregunta “¿A quién se narra y con qué finalidad?”. Es decir, reflexionar realmente qué narra, a quién le narra y con qué finalidad narran las comunidades en estos espacios –figurados desde la intervención-, pero además preguntarnos qué pretendemos y queremos los profesionales que sea contado por las comunidades y sobre todo, si realmente los encuentros planeados con ellos garantizan el alcance y sentido de este propósito.  

En este sentido, el verdadero significado del relato en la vida del hombre no trata solamente de reconocer cómo se entienden y conocen las cosas, sino cómo se comprenden y significan en la vida de cada uno y en cada cultura las experiencias. Se hace necesario por esto que en las intervenciones sociales, a partir de los relatos autobiográficos que se construyen permanentemente en el proceso, las comunidades den cuenta de su pasado, pero también del presente, de lo posible e ideal, y desde donde se pueda dialogar sobre “¿Cómo ha sido mi vida y cómo habrían podido y podrían seguir siendo todavía las cosas?” (Bruner, 2003). 

De esta forma, las diferentes experiencias de quienes participan en los procesos de intervención social están cimentadas en la estructura social y cultural a la que pertenecen, por esta razón sus historias no solo dan cuenta de experiencias individuales sino del contexto cultural en el que están insertos. Es la cultura a la que pertenecen la que propone discursos particulares, determina prácticas y formas de ser que dan sentido y orientan las relaciones cotidianas. Las narrativas son actividades sociales y no solo representaciones en las que se ve su contenido y estructura.  Por lo tanto, cada realidad o problemática que se interviene no está aislada de otros hechos que circulan la vida de los sujetos, sino que son múltiples factores que se alimentan mutuamente transformando y resignificando la vida, incluyendo la intervención social.  

Esto nos propone, en consecuencia, que el individuo y la sociedad se encuentran en una relación dinámica, histórica y cambiante, en la que cada parte era y es producto y productora de sí misma. Desde este argumento, es necesario alejarse de determinismos psicológicos para entender los fenómenos sociales, reconociendo que no sólo el individuo tiene poder sobre las elecciones que realiza sino que, es precisamente la sociedad la que también regulariza y nos ofrece un determinado tipo de posibilidades y opciones bajo universos simbólicos que permiten la construcción de nuestra realidad social y con ello subjetivarla. En este sentido, el introducir esto en los procesos de intervención social posibilitaría que se diera paso a la reflexión de las experiencias personales y comunitarias, pues son precisamente los relatos los que van marcando las coordenadas de la vida de cada individuo en sociedad y permitiendo actuar de otras maneras.

Ana Lucia Sánchez Villafañe

Investigadora

Facultad de Psicología

Grupo de investigación “Estudios Psicológicos, Organizacionales y Comunitarios”


REFERENCIAS

ARANGO, Carlos. (2007) Psicología Comunitaria de la Convivencia. Cali, Colombia: Programa editorial Universidad del Valle.
BRUNER, Jerome (2003) La fábrica de historias. Derecho, literatura, vida. Argentina: Fondo de cultura económica.
CARBALLEDA, Alfredo. (2002) La intervención en lo social. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
FREITAS, M. Fátima Quintal de (2008) Red de tensiones en la vida cotidiana. En: Jimenez-Dominguez, Bernardo. Subjetividad, participación e intervención comunitaria. Una visión crítica desde América Latina. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
MONTERO, Maritza. (2004) Introducción a la Psicología Comunitaria. Desarrollo, conceptos y procesos.  Buenos Aires, Argentina: Paidós.