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2014 Un llanero auténtico

Un llanero auténtico

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​Un llanero auténtico

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En el grupo de estudiantes que actualmente cursan V semestre de Medicina en la Universidad Cooperativa de Colombia sede Villavicencio, Juan Felipe Bello Mujica aparentemente es un muchacho semejante a los demás, sin mayores diferencias con el resto de sus compañeros. Pero basta conversar con él un poco para descubrir ese rasgo distintivo: sus raíces llaneras. Y como parte fundamental de ese arraigo cultural, inmediatamente brota su pasión por el coleo.

Pasión que corre por sus venas, pues Juan Felipe pertenece a una familia araucana que por generaciones ha estado dedicada al trabajo con ganado. Y es que con hermanos, papá y abuelo coleadores, Juan Felipe no tenía muchas posibilidades de escapar a esta tradición familiar. 

Por eso, para este joven de 19 años el coleo forma parte de su vida, como forma parte de la vida de los llaneros auténticos y valientes, esos que desde los comienzos de la ganadería en los Llanos Orientales hace varios siglos, en su faena diaria tenían que perseguir a los toros rebeldes, y tomarlos de la cola para dominarlos y obligarlos a volver al encierro. De allí nació la costumbre de colear los toros como una forma de entretenerse y demostrar las habilidades.  A finales del siglo pasado el coleo dio el gran salto, pues la faena del llanero fue reconocida como deporte. 

Juan Felipe desde muy pequeño empezó a aficionarse por la tradición ganadera de su región. A los 8 años ya sabía montar a caballo y se dedica a observar con mucho cuidado las jornadas de trabajo de llano en la finca de su familia, en la zona rural de Arauca capital, su tierra natal.  

Su juiciosa observación le permitió aventurar en el coleo desde esa edad. Y no contento con enfrentarse a los animales, se le midió a otros coleadores de su edad, ya que participó en su primera competencia donde ocupó el tercer lugar de la categoría infantil. Ahí empezó un recorrido por competencias donde ha logrado importantes reconocimientos como el de Campeón Juvenil Departamental, conseguido a los 16 años.

Y así como es un estudiante dedicado y juicioso, también considera que el coleo, visto como deporte, merece mucho respeto y exige la máxima concentración posible. “Al deporte no se le debe mezclar alcohol. Cuando se entrena hay que buscar la afinidad con el caballo, identificar las fortalezas y debilidades del animal”, asegura el joven.  

Juan Felipe agrega que son varios factores los que se conjugan para ser un buen coleador. Por un lado, debe haber afinidad y buen complemento entre el caballo y el jinete. Debe tener agilidad física, pero sobre todo mental, porque se necesita pensar rápido. “El coleador debe saber dominar los nervios, pues por no hacerlo perdí el Mundial Juvenil de Coleo”, comenta el joven.  
El estudiante de Medicina considera que también incide la suerte, que salga ‘bueno’ el ganado y se preste para el coleo. Y es que los coleadores tienen sus agüeros, como no dejar que el caballo para colear sea montado por mujeres. Además, se encomiendan a la virgen y es raro el que no cargue escapulario o camándula.

La reglamentación del coleo como deporte le permite a Juan Felipe colear mientras quiera hacerlo, pues la categoría de mayores no tiene límite de edad. Además, el joven destaca que ha contado siempre con el apoyo de la universidad para participar en las competencias. No obstante, además de colear tiene otros planes, como hacer una especialización en Ortopedia. Y, cuando tenga hijos, enseñarles la cultura llanera y su pasión por el coleo.