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2015 De rumiantes y regurgitaciones

De rumiantes y regurgitaciones

​​​​​​Acceso abierto ​


De rumiantes y regurgitaciones​


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Manfred Acero Gómez
Es Literato y Máster en Escrituras Creativas.
Editor universitario desde el 2006.
Director Nacional del Fondo Editorial de la Universidad Cooperativa de Colombia 
ediciones.ucc.edu.co




Desde hace ya más de una década, un movimiento internacional ha venido cobrando fuerza en el contexto académico: el acceso abierto. La filosofía del acceso abierto se sustenta en un principio ético: el conocimiento científico se produce no para beneficio de unos pocos —los que pueden pagarlo—, sino que debe difundirse de manera libre, democrática y, ahora, gracias a los desarrollos tecnológicos, masivamente a través de internet, para que cualquier persona interesada en un tema o problemática pueda acceder a una literatura confiable: 

“Al remover las barreras en el acceso a esta literatura se impulsará la investigación, se enriquecerán los procesos educativos, el rico compartirá su aprendizaje con el pobre y el pobre con el rico, se elevará la utilidad de esa literatura a su punto máximo, y tendremos las bases para unir a la humanidad alrededor de una misma conversación intelectual y de la búsqueda del conocimiento” (Budapest Open Access Initiative - BOAI).
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Los primeros en asumir la bandera del acceso abierto fueron las revistas científicas. La declaración de Budapest ―que en 2002 hizo un grupo pequeño y variado de universidades, bibliotecas, asociaciones y editoriales― sirvió para formular las orientaciones generales de ese movimiento y concentró sus alcances en la literatura que se evalúa y publica a través de las revistas. Las acciones inmediatas sugeridas en esa declaración apuntaban a dos cosas: 1) estimular en los autores el hábito de autoarchivar en repositorios institucionales los artículos publicados en revistas para facilitar su difusión y 2) promover la creación de revistas de acceso abierto que divulgaran libremente sus contenidos. Los efectos del acceso abierto son recíprocos: “Los lectores adquieren la ventaja extraordinaria de poder encontrar y usar literatura relevante, y los autores y sus trabajos se benefician de una visibilidad amplia y medible, y ganan audiencia e impacto” (BOAI). Por supuesto, en eso también ganan las instituciones. Si un autor y su trabajo se dan a conocer, si su artículo o libro adquiere preeminencia y se valora en el medio académico, la institución a la que está adscrito ese autor se lleva parte del reconocimiento. 

En América Latina, muchas revistas académicas no sólo adoptaron la publicación en formatos digitales, sino que asumieron como propia esta filosofía. Iniciativas regionales como las de SciELO o Redalyc han permitido que buena parte de los artículos científicos producidos en nuestras universidades y asociaciones académicas circulen, sin restricciones, en internet. Esas bibliotecas digitales y abiertas han logrado que los trabajos que se publican en las revistas regionales se divulguen de una forma mucho más eficiente, pero también han impulsado la formación de nuevas competencias en los equipos editoriales, la adopción de mejores prácticas en el oficio editorial y, en conjunto, han tenido un impacto positivo en la calidad de las publicaciones. En los últimos años, hay estudios que muestran que las revistas con cierta reputación en sus áreas y reportadas en índices de citación (como el famoso JCR), al elegir la publicación de sus contenidos en acceso abierto, experimentan un crecimiento significativo de su citación. La fórmula del acceso abierto, entonces, puede traer beneficios a los proyectos editoriales consolidados: si una revista de cierta reputación publica sus contenidos sin restricciones por pago, más lectores pueden acceder a esos contenidos y, eventualmente, usarlos para fines académicos, pedagógicos, informativos o de investigación.

Aunque las citas pueden ser una forma de medir la recepción que tienen los trabajos en una comunidad disciplinar, producir citas no es en realidad uno de los propósitos del acceso abierto. La citación es parte de lo que podrían ser los efectos naturales de un proyecto editorial abierto y robusto, con la infraestructura, las políticas y las estrategias adecuadas, sin que perdamos de vista que la mayor preocupación de los editores académicos, los autores y las universidades anfitrionas debe estar en los contenidos publicados y en su relevancia, teniendo en cuenta que muchas veces un trabajo académico no responde a las lógicas del mercado, a las presiones institucionales de producción per se (en respuesta a una cifra), ni se debería definir o valorar por indicadores universales de efectividad. Las métricas, a pesar de sus bondades, también entrañan un riesgo. El lenguaje empresarial de los indicadores ha venido colonizado las universidades, sus unidades académicas, de investigación y las editoriales universitarias; los países también han venido formulando y promulgando políticas públicas para medir la productividad académica y, con esto, hay ya una fuerte tendencia a publicar trabajos citables, a tener revistas citables, en fin, a que todo lo hecho produzca algún tipo de cifra que pueda facilitar procesos estandarizados de evaluación (de desempeño de los productos y de sus autores), desplazando la importancia de otros impactos, otros usos u otras formas de valorar esa literatura. Todo esto puede llevar a que los autores pierdan el sentido de publicar y a que los editores conviertan su oficio en una simple técnica al servicio de una eterna regurgitación de conocimiento dentro de un sistema académico que ya no busca transformar ni servir, sino posicionar.

Sin embargo, si en algo estamos de acuerdo con Peter Dougherty, el director editorial de la Universidad de Princeton, es que los textos con los que tratamos en la academia son sumamente valiosos y peculiares: la savia de las editoriales universitarias, de las monografías, de los libros de texto, de las colecciones de libros de investigación, de las revistas académicas son las ideas complejas. Y son esas ideas, cuando se comprenden y asimilan, las que generan grandes transformaciones sociales, culturales, económicas o artísticas. 

Asimismo, el asunto del acceso abierto no se detiene en las revistas. (…)

Continúa leyendo la nota completa en el blog editorial “Esperando el eco”​.