Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Inicio de sesión

2015 El hombre unidimensional en su dimensión critica: De Herbert Marcuse a Rolan Gori

Universidad Cooperativa de ColombiaSala de Conocimiento2015 El hombre unidimensional en su dimensión critica: De Herbert Marcuse a Rolan Gori

El hombre unidimensional en su dimensión critica: De Herbert Marcuse a Rolan Gori

​​​​​Humanidades


El hombre unidimensional en su dimensión critica: De Herbert Marcuse a Rolan Gori​


German-David-Gomez-Palacio.jpg 

German David Gómez Palacio
Docente de la facultad de psicología de la Universidad Cooperativa de Colombia
Psicólogo Especialista 
 Magister en psicología Clínica
Candidato a Doctor en Filosofía
Como investigador se han desarrollado proyectos en temáticas relacionadas con adolescencia y educación.
German.gomez@campusucc.edu.co ​



Introducción

En el texto "el hombre unidimensional" de Herbert Marcuse se presenta una discusión de gran importancia que puede ayudar a comprender aspectos centrales de la vida actual. Uno de los argumentos principales, es que la sociedad contemporánea democrática obstruye todo cambio social asimilando las fuerzas sociales contrarias y controlando las necesidades del individuo. 

En relación a esa tesis es posible formular algunas opiniones articulando la hipótesis de Rolad Gori, según la cual, estamos viviendo una sociedad de impostores. Así lo describe en su texto "la fábrica de los impostores" (7) (la fabrique des imposteurs) en el cual insiste que el hombre actual es un sujeto dominado, incapaz, por efectos de la sociedad, de responder a sus necesidades. De esa manera y  por esa vía crítica de reflexión, tanto Gori como Marcuse se encuentran cerca en sus argumentos y advierten el motivo por el cual hoy hablamos de sujetos impostores y sociedad  impostora.

En esta discusión se plantea como el pensamiento y la tesis central de Marcuse presentada en el texto del hombre Unidimensional se constata y toma forma en pensadores contemporáneos como Roland Gorí. De antemano hay que anotar que en los planteamientos de Gori no hay nada que explicite, que arroje evidencias verificables de su proximidad paradigmática a los postulados de Marcuse, sin embargo es innegable la posibilidad de hacer derivar su cercanía.

Herbert Marcuse


Lo que Marcuse denomina la sociedad industrial avanzada presenta dificultades para el hombre y para la sociedad humana. Bien es sabido que la industria es un efecto de la necesidad y lo es también del deseo. Desear, que es el empuje psíquico por la cual se manifiesta la necesidad de acceder a alguien o a algo, es un acontecimiento que sostiene la vida del hombre y por lo tanto la dinámica social (Brunet, 2007). Es por ello que hablamos de una sociedad proactiva, deseante en cada momento de su existencia. Siendo así, es de suponer que cualquier cultura estará siempre marcada por el interés de dar sentido a la existencia, sea por la vía del progreso o por cualquier otra que justifique una mejora en la calidad de vida. 

El-hombre-unidemencional.jpg
Al respecto Deleuze & Guattari (1995) dirán que la industria simboliza la actividad creadora de realidad, lo que supone la creación como un acto ontológico de la existencia humana. Sin embargo, lo que a los ojos de la cultura parece un avance en todo su esplendor, tiene sus pormenores. Uno de ellos es que la sociedad industrial, si bien no promulga abiertamente su dominio es totalitaria en el sentido en que nada que corresponda a lo humano, a lo que le corresponde de natural se deja al azar en su emergencia; todo se calcula lo que supone un control minucioso sobre las necesidades humanas que son en su origen "naturales".

Foto de : Kuznetsov Dimitry (http://es.123rf.com/photo_2514042_solo-la-silueta-de-tipo-circular-por-la-carretera-de-invierno.html?term=hombre%20caminando%20solo​)

El totalitarismo que ejerce la sociedad industrializada no es explicito, no se da por sentado; esto es que, las ideologías, regímenes y movimientos tradicionales no delinean abiertamente los criterios totalitarios que imperan en una sociedad. Para Marcuse la sociedad totalitaria funciona a la manera de un discurso soterrado que obliga a que el sentido y las acciones de los sujetos dependan de criterios diferentes a los propios. El totalitarismo constituiría de esta manera una ruta de criterios que trazan el camino para llegar a un "deber ser" impuesto el cual precisa entre otras cosas hacer inexistentes las diferencias y contradicciones entre sí; entre los hombres, entre las instituciones que los representan para así obtener del conjunto social un ente sometido al dominio . Lo anterior, la lógica totalitaria, configura una sociedad destinada a no pensar sobre lo propio (Lyotard citado en Gori, 2013) lo que otorga al tipo de sociedad totalitaria (industrializada), el poder de pensar por todos. 

El hombre unidimensional que plantea Marcuse es el hombre que se ajusta al sistema, pero principalmente a sus necesidades, es decir, a las necesidades del sistema. La preocupación del hombre actual esta puesta en lo que falta al otro (sistema) y no en la necesidad que falta a sí mismo lo que indica una constante y progresiva sensación de inutilidad. Estamos de manera indefectible sometidos a suplir las necesidades del sistema mas no las propias, y el fin de esta serie no se observa en tanto lo percibido es lo que el sistema requiere y no lo que cada quien necesita; dicho en otras palabras, no hay forma de concebir de manera distinta un mundo cuyo fin obliga a dejar de pensar sobre lo propio del sujeto y sobre lo autóctono de una comunidad.

La necesidad del hombre se confunde en esta secuencia se trastoca porque pasa de ser un aspecto particular del sujeto a ser de otra propiedad. En ese punto Marcuse reflexiona acerca de lo relevante que es la necesidad humana para definir al hombre. El filósofo en cuestión define al hombre unidimensional por el discurrir de sus necesidades, ellas definen la existencia, sin embargo, recalca, tales necesidades son falsas, son impuestas y carecen del sentido de propiedad para el hombre. Pero hay en el fondo de esta determinación, de ese sometimiento a esa "Otra", cierta responsabilidad en el reconocimiento de lo que se desea, esto es que, existiendo la posibilidad de que el sujeto, la sociedad y el mundo puedan decidir sobre sus propias necesidades el hombre y la sociedad han optado por someterse a los designios que le son impuestos.

El recorrido, el mapa de la necesidad en el sujeto parece simple; se podría bosquejar de la siguiente manera: hay un cuerpo viviente y en él materia, instinto, cognición, lenguaje; todo eso lo habita. Es un cuerpo que actúa, busca, goza, es producto de un empuje a hacer algo por su existencia y la del sujeto. Y hay también una psique la cual mediante el lenguaje hace del cuerpo un hombre. Las necesidades que surgen de ese hablante-ser emergen de toda su naturaleza, de su constitución pulsional, por lo tanto, lo que busca satisfacer refiere a su satisfacción particular, al sustrato original de su necesidad más no a la satisfacción de la naturaleza de otro u otros. Es así como una necesidad que es pura en su origen requiere de una respuesta autentica para sí y no para otro u otros.
Pero en el hombre unidimensional que plantea Marcuse la necesidad se confunde cuando busca satisfacerse por que no tiene como prioridad la satisfacción a partir de la propia necesidad sino de la necesidad de los otros; en este sentido puede hablarse de cierta confusión contemporánea. Así entonces, ocurre que el hombre unidimensional no se determina por ser precisamente un ser autentico sino ajeno a sus necesidades y a sí mismo.

La sociedad derivada del hombre unidimensional es un tipo de sociedad que gira en torno a las necesidades que le son creadas, que no caben dentro del sentido que se le puede dar a lo que es sentido como propio sino más bien que están emparentadas con el sentimiento que representa a lo ajeno. Un suceso que es absolutamente consustancial a la existencia humana, como lo es la necesidad, es modificado en su esencia y lo que queda luego de esa operación es un sentimiento de extrañeza frente a lo propio. Es tan corriente que se llegue a tal punto de reconocimiento de lo extraño como propio que los valores que han regulado por años la sociedad y la vida del hombre se han hecho absolutamente confusos. Para el hombre unidimensional no es preciso lo que representa actualmente la verdad y la justicia, por ejemplo. El sentido de la verdad individual se confunde con otras verdades y la justicia con varias interpretaciones de justicia, ello crea, según Marcuse, un sentimiento de unidad en tanto las diferencias desaparecen y tanto la verdad como la justicia que prevalece es la que se impone por los criterios que fundan las necesidades impuestas.

Marcuse con Roland Gori


Roland Gori es psicoanalista y profesor de psicopatología en la universidad Aix – Marsella. Es iniciador de L'Appel des appels (la llamada de llamadas) cuya constitución es considerada como un laboratorio de ideas que buscan deconstruir los modelos impuestos de sumisión social y profesional de la salud, la educación, la justicia y la formación.

En sus textos Rolad Gori intenta pensar la modernidad en conjunción con una ética del sujeto e insiste en los estragos ideológicos que las lógicas cientificistas en tanto que liberales producen a los ciudadanos. En el texto la fábrica de los impostores Roland Gori muestra como el impostor es como una esponja viviente que absorbe los rituales, las opiniones, los valores de la comedia social de su época (Gori, 2013). 

La hipótesis de Roland Gori no se aleja de lo que propone Marcuse, al menos sobre lo que determina al hombre unidimensional. Hay acuerdo en ambos autores en los tipos de sociedad que se derivan de las dos ideas de hombre (unidimensional e impostor). En Marcuse es una sociedad unidimensional y en Gori la sociedad es una fábrica de impostores. De esa manera el hombre y la sociedad para ambos guarda la similitud deducida del sometimiento del hombre al dominio totalitario ¿Pero qué relación entraña de manera particular, en detalle, el impostor con el hombre unidimensional? Hay que partir inicialmente de lo que Gori denomina una sociedad de impostores como fábrica.

Gori piensa como Marcuse que una señal evidente del hombre sometido al dominio de un sistema totalitario es el acallamiento del pensamiento que no es una acción llevada a cabo por la fuerza, por la represión, al menos en este tipo de totalitarismo. Más bien existe lo que Marcuse llama una especie de uniformidad del pensar que es tal vez lo que mejor define en Gori la misión de la "fábrica". El objeto último de la fábrica de impostores no es construir hombres porque ya están creados para hacer sociedad, es más bien facilitar el acceso a lo que se espera de los hombres; dicho de otra manera, hay una forma de vida esclarecida y un ideal de felicidad ya instituido cuyo acceso es posible si los hombres actuamos de tal o cual manera. Es evidente, y Gori lo expresa, que tal condición de hombres sometidos hace absurdo el acto de pensar sobre la condición de humanos que hoy nos define y en consecuencia adviene el impostor como el hombre sometido a lo que de él se espera (Gori,2013).

El pensamiento que representa al hombre en una sociedad de impostores no es el que define a una sociedad democrática y en este punto la coincidencia entre Marcuse y Gori es excepcional. Para Gori la democracia es poder gobernar bajo la discusión lo que implica un poder fundamental concedido al lenguaje. Esta atribución remite a un plano dialógico que bien entendido concede a la palabra un sentido que no es solo temporal ni de carácter vago o retórico sino en su sentido más determinante. Sin embargo, para Gori no es ese el valor que se le da al lenguaje en la sociedad de los impostores. Mediante la impostura, el lenguaje ha adquirido el carácter banal del semblante y la palabra ha perdido su valor dialógico; lo que de esa causalidad se desprende es una disminución del efecto del lenguaje y un aumento de su indeterminación. 


Frente a tal desvalorización del lenguaje queda el lugar vacío que deja la inoperancia del mismo y adviene el automatismo cuya característica principal es que carece de reflexión o conciencia plena sobre los actos humanos. Adviene entonces una sociedad automatizada que ha reemplazado el dialogismo por un sistema de control que augura una cultura más cerca a la sociedad animal que a la de los hombres  (Canguilheim, 2004). En esa misma línea, Marcuse alude al pensamiento como algo desprovisto de toda carga crítica y dentro del pensamiento unidimensional el lenguaje y las palabras adquieren por su carencia de sentido un carácter confuso. Pensamiento y lenguaje en Gori y Marcuse son dos entidades centrales sobre las cuales recae la esencia misma del hombre, pero que según sus argumentos están hoy regidas por una unidad externa que obliga a responder en una sola dirección. La concepción de hombre y sociedad que se observa tanto en Marcuse como en Roland Gori está marcada por la supresión de la autonomía del hombre frente a las respuestas que debe dar a las necesidades que se le presentan


Bibliografía.
Bacarlett, M. L., & Amalia, L. (2009). Canguilhem y Foucault:De la normatividad a la normalización. Ludus Vitalis, 21.
Brunet, G. (2007). ser,deseo y lenguaje. Konvergencias(15), 7.
Canguilheim, G. (2004). Lo normal y lo patológico. Buenos Aires: Amorrortu.
Deleuze, G., & Guattari, F. (1985). El antiedipo:Capitalismo y esquizofrenia. Barcelona: Paidos iberica.
Freud, S. (2005). El porvenir de una ilusión, el malestar en la cultura, y otras obras. Buenos Aires: Amorrortu .
Gori, R. (2013). La fabrique des imposteurs. París: Les liens qui libérent.
Hildwein, F. (Mayo de 2010). Observatoire du management alternatif. Recuperado el 25 de 11 de 2014, de http://appli6.hec.fr/amo/Public/Files/Docs/135_fr.pdf
Marcuse, H. (1993). El hombre unidemensional. Buenos Aires: Planeta- Agostini.