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2015 Conocimiento, Cosmovisión y Desarrollo: una perspectiva desde el Teísmo Bíblico

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Conocimiento, Cosmovisión y Desarrollo: una perspectiva desde el Teísmo Bíblico

​​Conocimiento ​

Conocimiento, Cosmovisión y Desarrollo: una perspectiva desde el Teísmo Bíblico​


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Jhon William Pinedo López
Doctor en Urbanismo, Territorio y Sostenibilidad - Universidad Politécnica de Valencia - España
Máster en Cooperación al Desarrollo con Especialidad en Planificación Integral del Desarrollo Local - Universidad de Valencia - España
Especialista en Cooperación para el Desarrollo - Universidad de Valencia - España
Especialista en Ordenación del Territorio y Medio-Ambiente - Universidad Politécnica de Valencia - España
Economista - Universidad La Gran Colombia - Colombia​



El conocimiento es definido por la Real Academia Española como: a) acción y efecto de conocer, y b) facultad de comprender y conocer. Pero, ¿qué significa conocer? De acuerdo a la misma fuente, su significado es: i) tener información, por el ejercicio de las facultades intelectuales, de la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas; ii) saber diferenciar unas cosas de otras, y iii) tener noticias e información de algo. 

Pero, ¿qué es lo que el hombre ha querido conocer, diferenciar y comprender a lo largo de la historia? Desde la antigüedad él intenta resolver interrogantes relacionados con la epistemología, metafísica y la moral: “¿existe la verdad?”; “¿hay un Dios?”; “¿de dónde venimos?”; “¿por qué estamos aquí?”; “¿hacia dónde vamos? Así mismo hay otras preguntas que diariamente pretenden resolverse a través de la investigación científica: ¿Por qué hay pobreza? ¿Por qué hay corrupción? ¿Por qué hay injusticia?

La forma en que las personas responden a estas preguntas determina los tipos de culturas y sociedades, y dichas respuestas, finalmente son el resultado de cosmovisiones: Teísmo; Secularismo y Animismo  (Miller, 2001). La cosmovisión, o perspectiva del universo, es un conjunto de suposiciones en las que se cree, consciente o inconscientemente, por fe, respecto a lo que la persona acepta como la estructura básica del universo y cómo éste funciona (Miller, 2001; Weaver, 2008; Colson y Pearcey, 2000). 

Miller (2001) manifiesta que la cosmovisión afecta la forma en que nosotros vemos, no lo que estamos viendo en sí, y por su experiencia como cooperante para el desarrollo de los países, corrobora que cada cosmovisión crea historias culturales diferentes y produce valores diferentes.  Weaver (2008) analiza las consecuencias que tienen las ideas en una sociedad y el impacto de diferentes visiones del mundo como: el deísmo, el materialismo científico, el empirismo y la psicología conductual. Así mismo cuestiona el egoísmo, la desintegración, la decadencia moral y el rechazo al conocimiento ofrecido por el teísmo bíblico. En la misma dinámica de los anteriores, Colson y Pearcey (2000), sostienen que nuestras elecciones se encuentran determinadas por lo que creemos real y verdadero, correcto e incorrecto, bueno y hermoso. Lo que informa la mente, enciende la imaginación, mueve el corazón y da forma a una cultura son las grandes ideas (Colson y Pearcey, 2000: 27).

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Las afirmaciones realizadas por los autores mencionados, en cuanto a la relación entre la realidad y la forma en que nosotros vemos, encuentra sustento en Hessen (1981), quien sostiene que la ciencia intenta describir los hechos tal como son, independientemente de su valor emocional o comercial. Según el citado autor, un mundo le es dado al hombre y su gloria es enriquecerlo para la satisfacción de sus necesidades, creando así cultura y artefactos, mediante el conocimiento racional, sistemático y verificable. Sin embargo, surge un nuevo interrogante: ¿cómo se sabe si son correctas las suposiciones que sustentan las ideas que dan paso a la cultura y a la generación de nuevo conocimiento? ¿Esas ideas son verdaderas? Para intentar responder a estos interrogantes se requiere definir cada una de las tres principales cosmovisiones:

1)El teísmo bíblico sostiene que existe una realidad objetiva, fundamentalmente personal, establecida por Dios - reconoce la materia, el espíritu y el alma -; 2) el secularismo ve la realidad como fundamentalmente física, negando la existencia de una realidad espiritual o trascendente, y 3) el animismo ve la realidad como esencialmente espiritual, ilusoria y animada por espíritus.

En cuanto al Teísmo Bíblico, Miller (2001) sostiene que la verdadera educación debe darnos un panorama integrado y completo de la realidad, para lo cual el conocimiento de que Dios y el orden establecido por Él crea un contexto para el orden en la sociedad. Una sociedad es desarrollada cuando tiene un sistema legal justo, asociaciones políticas sujetas a relaciones colegiadas, administraciones cívicas basadas en el orden, y políticas gubernamentales estables y racionales. Considera, y con ello me identifico, que los diez mandamientos traen orden a la sociedad, así como las primeras palabras del Génesis trajeron orden al universo exterior. Estos mandamientos crean un cimiento para la sociedad y establecen para ella los primeros principios que crean un orden civil; proveen igualdad ante la ley (justicia social), instituciones democráticas (justicia política) y mercados libres (justicia económica). 
Con respecto al secularismo, Miller (2001) afirma que la ética de la pobreza inicia con la incredulidad en Dios y el rechazo relativista de los absolutos. Con esta perspectiva del mundo las personas deciden lo que es correcto o equivocado de acuerdo a sus propios criterios subjetivos o los de su cultura, y en lugar de moral se tiene una ética situacional. La estructura de la sociedad, por lo general proviene, no de las leyes escritas o de las constituciones, sino de las decisiones morales de sus miembros y se profesa preocupación por la escasez de los recursos, pero se depreda insaciablemente la naturaleza. 

En lo referente al animismo, Miller (2001) identifica que la naturaleza es considerada como un dios, por cuanto es adorada y temida. En esta visión los recursos no son suficientemente explotados, pero no porque no haya mucho que extraer de la tierra sino porque no hay leyes físicas. La única forma que tiene una persona de acrecentar su riqueza es quitándole a otra. Según la experiencia de Miller, la meta del animista promedio es sobrevivir en la pobreza a corto plazo y luego ser absorbido por la naturaleza a largo plazo. Concluye afirmando  que el animismo produce pobreza material; el secularismo, a pesar de la opulencia física, produce un vacío metafísico, traducido en una profunda pobreza espiritual, y el Teísmo ofrece un desarrollo relacionado con el descubrimiento y la exploración del mundo creado por Dios, la creación de nuevos recursos y el abandono del egoísmo, la maldad y la codicia; es decir un hombre con un corazón renovado por la Gracia de Dios, generador de conocimiento, ciencia y tecnología con responsabilidad moral. 

Los postulados de Miller, Weaver y Colson y Pearcey, están orientados a mostrar que la primera fuente de conocimiento es el Teísmo Bíblico y no los modelos construidos por el hombre a través de la filosofía y la ciencia. Esta fuente contiene la información más racional acerca del origen del universo, la vida y del hombre, con la claridad suficiente para responder los interrogantes fundamentales del ser humano, incluido el dilema de su existencia. Estos autores también muestran la relación entre aplicación de principios bíblicos y el desarrollo económico, industrial y tecnológico: estos principios son entre otros: el amor al prójimo, el trabajo honesto, el ahorro, el esfuerzo, la responsabilidad con el crédito, la caridad y la administración óptima de todo tipo de recursos. Este modelo es opuesto al egoísmo, el fraude, la pereza, el despilfarro de recursos y la codicia que el posmodernismo impone a través del relativismo moral y del culto al consumo de mercancías, dinero y tecnologías de la información y comunicación.

Finalmente, es oportuno resaltar que en la filosofía y en la ciencia, además de los planteamientos de Darwin, Nietzsche, Rousseau, Freud, Marx, Russell, Sartre y Sagan, también se destacaron científicos de la talla de Louis Pasteur, Isaac Newton, Blaise Pascal, Johannes Kepler,  y Johannes Hessen, entre otros, quienes realizaron grandes aportes a la humanidad sin necesidad de renunciar a la primera fuente de conocimiento y desarrollando todo el potencial de creadores que tiene el ser humano para beneficio de la sociedad; y demostrando de paso que la fe no es incompatible con el conocimiento ni con la ciencia. Entonces ¿por qué descartar una Fuente?, en cuyo contenido, como lo demuestra Sproul (2003), aparecen planteadas las cuatro premisas epistemológicas básicas: 1) la ley de la no contradicción; 2) la ley de la causalidad; 3) la confianza básica de la percepción sensorial, y 4) el uso analógico del lenguaje.  

Referencias Bibliográficas
Colson, C. y Pearcey, N (2000). Y ahora… ¿cómo viviremos?  México. Unilit
Hessen, J. (1981). Teoría del conocimiento. Madrid: Espasa-Calpe.
Miller, D. (2001). Discipulando Naciones: el poder de la verdad para transformar culturas. Managua. Emcor.
Sproul, R. (2003). Como defender su fe. Michigan. Portavoz 
Weaver, R. (2008). Las ideas tienen consecuencias (Ana Nuno, trad.). Madrid. Ciudadela Libros. (Obra original publicada en 1948).