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2015 La educación es el gran programa de lucha contra la pobreza: un imperativo impostergable

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La educación es el gran programa de lucha contra la pobreza: un imperativo impostergable

​​

Educación​

La educación es el gran programa de lucha contra la pobreza: un imperativo impostergable​

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Jairo Miguel Torres Oviedo
Doctor en Filosofía 
Magíster en Filosofía 
Especialista en Gerencia Pública 
Especialista en Ética y Filosofía Política 
Licenciado en Ciencias Sociales                 
Coordinador de Investigación Facultad de Derecho - Sede Montería  


El libro ¡Basta de historias! del periodista argentino Andrés Oppenheimer,  nos habla sobre la obsesión latinoamericana con el pasado y las doce claves del futuro, traigo a debate el contenido de este libro en momentos de la celebración del bicentenario de la independencia no solo colombiana sino Latinoamericana.  

Lo que pretendo hacer en las siguientes líneas es una reflexión que más allá de dar respuestas concluyentes, suscite preguntas  e inquietudes sobre nuestra historia local, para ello, me apoyaré en la tesis de Oppenheimer cuando dice ¨Los países Latinoamericanos están demasiado inmersos en una revisión constante de su historia, que los distrae de lo que debería ser su principal prioridad: mejorar su sistema educativo. Sin poblaciones con alto niveles de educación, la región no podrá competir en la nueva era de la economía del conocimiento, donde los productos de alta tecnología – desde programas de software hasta patentes de la industria farmacéutica-se cotizan mucho más en los mercados mundiales que las materias primas, o las manufacturas con poco valor agregado¨.


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Siempre se nos ha dicho y los estudios realizados lo afirman, que Colombia tiene inmensas posibilidades de desarrollo, por cuanto posee ventajas comparativas como: tierras fértiles, ganadería, costas, minería, materias primas, biodiversidad, posición estratégica, ríos. etc. Entonces, vale la pena hacernos algunas preguntas, que aunque suenen simples, son necesarias. ¿El por qué del atraso y la dependencia? ¿Será que nuestro modelo económico no es congruente con las tendencias del desarrollo del siglo XXI? ¿el sistema político administrativo es incapaz de responder a las demandas y necesidades del desarrollo?¿O es que, no ha habido formación de élites con una significativa e irrevocable capacidad de liderazgo y gobernabilidad?¿ será que,  nuestros problemas fundamentales están asociados al débil e incipiente proceso de construcción de lo público y de una cultura rentística y patrimonialista que no ha dejado espacio para la incorporación e implementación de una verdadera racionalidad capitalista? todas estas preguntas deben conducir a la reflexión en el contexto de un análisis crítico que nos permita ver los aciertos y los desaciertos pero sobre todo, trazar los rieles en términos prospectivos de hacia donde debemos ir.

 Por consiguiente, la tendencia sin lugar a equívocos es la educación, la tarea es impostergable, porque el siglo XXI es, y será, el de la economía del conocimiento. Como dice  Oppenheimer, contrariamente al discurso de la vieja izquierda y la vieja derecha en la región, los recursos naturales ya no son los que producen más crecimiento: los países que más están avanzando en todo el mundo son los que le apostaron a la innovación y producen bienes y servicios de mayor valor agregado. Ejemplo de ello, es Finlandia, Singapur, Corea, Japón entre otros, que no poseen materia prima pero desarrollaron la economía del conocimiento a través de la electrónica, la microelectrónica y la nanotecnología. El mundo Ha cambiado, según el Banco mundial mientras en 1960 las materias primas constituían el 30 por ciento del producto  bruto mundial, en la década de 2000 representaban apenas 4 por ciento del mismo. El grueso de la economía mundial está en el sector servicio, que representa 68 por ciento, y el sector industria, que representa 29 por ciento.

En este sentido, es imperioso pensar no solo en la historia como características preponderante, sino en las posibilidades de construcción de un modelo de desarrollo integral que posibilite sacar adelante nuestra ventajas comparativas y hacerlas competitivas y poder erradicar la pobreza, para ello, se necesita de un buen crecimiento económico que vaya  acompañado de una mejora en la calidad educativa. Si no se mejora la educación de los sectores pobres y excluidos de nuestro país, como lo han hecho otras regiones del mundo como los asiáticos, los Colombianos que viven en la pobreza nunca van a salir de la informalidad y el rebusque en las calles y mucho menos acceder a buenos empleos, por más que crezca la economía. En el siglo XXI la educación es el gran programa de lucha contra la pobreza.