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2016 Con la misma pasión que creamos ídolos, los destruimos

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Con la misma pasión que creamos ídolos, los destruimos

​​Opinión

Con la misma pasión que creamos ídolos, los destruimos​​​

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Rodrigo Tabares Ruiz

Coordinador de Comunicaciones Pereira-Cartago
Comunicador Social Periodista
Especialista en Informática Educativa
Especialista en docencia​


Según los creadores de la estrategia “Colombia es pasión”; la pasión se encuentra en nuestro ADN, es lo que nos une, lo que nos distingue como colombianos. 

Por otro lado, el diccionario define la pasión como: “Una emoción, un sentimiento muy fuerte hacia una persona, tema, idea u objeto”. Efectivamente, muchos colombianos actuamos de manera pasional ante diversas situaciones, dejándonos llevar por los sentimientos, sin pensar en la mayoría de los casos en sus consecuencias. Uno de los espejos que muestra la manera como se desbordan estas emociones tiene que ver con el deporte y las posiciones ideológicas.
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     Imagen tomada de: http://bit.ly/2b8dh4a​

Como escribió Gabriel García Márquez: 
“…Nuestra insignia es la desmesura en todo. En lo bueno y en lo malo, en el amor y en el odio, en el júbilo de un triunfo y en la amargura de una derrota. Destruimos los ídolos con la misma pasión que los creamos…”. 
En nuestra cultura, el término medio no existe; nos movemos de un extremo a otro, de lo muy bueno a lo muy malo. Esta situación se refleja en el comportamiento de la crónica deportiva colombiana, un sector de la cual critica de manera destructiva a los deportistas de nuestro país cuando no se dan los resultados.

Un día la selección colombiana de fútbol es la mejor del mundo porque en una noche de inspiración goleó 5 por 0, en su propio estadio, a la encopetada selección argentina; pero al otro día es la peor, después de una derrota ante Venezuela. Así mismo, sucede en ciclismo, como en el caso del ciclista Nairo Quintana, a quien muchos crucificaron por no ganar el Tour de Francia, desconociendo su brillante palmarés, que lo convierte en el mejor ciclista latinoamericano y en uno de los cinco primeros en el mundo según el ranking de la UCI. 

Sin embargo, cuando llegan los triunfos muchos dirigentes y representantes del estado se suben al bus de la victoria, envían mensajes, aparecen en la foto y hacen promesas que luego no cumplen. También hay un sector que se ubica en la otra orilla, y les dedica adjetivos superlativos a los equipos o deportistas por una buena actuación en un determinado momento, hasta inflarlos y colgarles el rótulo de ídolos.

 Otro elemento que nos caracteriza es que: “Toda victoria individual de un colombiano, victoria casi siempre solitaria y sufrida, se interpreta acá, de inmediato, como una gran conquista colectiva, como una reivindicación y un acto de justicia o aun de venganza para un pueblo que ha sufrido mucho y al que nunca (dice el mito) le toca nada; un pueblo con delirio de persecución”. 
En consecuencia, los colombianos debemos reflexionar de manera mesurada no sólo en las derrotas, sino también en los triunfos, debemos valorar los logros deportivos en sus justas proporciones, sin que el país se polarice y sin que las celebraciones terminen en tragedia.             ​