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2016 Derechos humanos y comunicación

Derechos humanos y comunicación

Opinión

​Derechos humanos y comunicación

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Rodrigo Tabares Ruiz
Coordinador de Comunicaciones Pereira
Comunicador Social Periodista
Especialista en Informática Educativa





10 de diciembre del 2016 se conmemoró el 68 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos emitida por la ONU, la cual en esencia sigue siendo válida como soporte para el establecimiento de la convivencia pacífica y dignificación del ser humano. Sin embargo, en muchos lugares de nuestro planeta aún se siguen violando los derechos fundamentales a pesar de estar consagrados en las constituciones nacionales. 

En Colombia, la Constitución de 1991 alimentó la esperanza de que la inclusión de una variada lista de derechos pudiera significar el fin de una violencia que por más de cuatro décadas desangra a nuestro país, la desaparición del hambre, el aumento de la equidad social y el fin de carencias estructurales en cuanto a vivienda, salud y educación. Hoy, gracias a los acuerdos suscritos entre el Gobierno colombiano y las Farc empezó un nuevo capítulo en la larga historia de violencia de nuestro país

Plantear, a partir de esta premisa, la relación entre comunicación y derechos humanos, pasa por examinar detenidamente la forma como se cumple en la práctica el derecho a la información.

En primer lugar, es necesario aclarar que no es lo mismo informar que comunicar. El término comunicación procede de la raíz latina communis, que significa poner en común algo con otro, es decir que la comunicación es el proceso por el cual un individuo entra en cooperación mental con otro hasta que ambos alcancen una conciencia común; información por el contrario, es cualquier transmisión unilateral de mensajes de un emisor a un receptor.

El segundo aspecto, es no identificar la comunicación con sus medios. Las modernas y sofisticadas técnicas en el campo de la comunicación han llevado a que la comunicación humana se convierta en sinónimo de medios de comunicación, a veces en forma deliberada, con intereses claramente definidos, y otras de manera inconsciente. Por lo tanto lo indicado es hablar de medios de información y no de medios de comunicación.

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En tercer lugar, los medio de información están concentrados en las manos de un reducido número de grupos económicos a través de los cuales dan su versión de los diferentes sucesos ocurridos en el mundo. Dos de cada tres seres humanos viven en el llamado “tercer mundo”; pero dos de cada tres corresponsales de las agencias noticiosas más importantes del mundo hacen su trabajo en Europa y Estados Unidos. Esto implica que la mayoría de las noticias que el mundo recibe proviene de la minoría de la humanidad; es decir que también hay una enorme brecha mediática entre el norte y el sur. 

Lo que existe en la realidad es un monólogo del norte del mundo, bajo cuya óptica son dados a conocer los hechos ocurridos en cualquier lugar de la tierra. Los países del sur reciben atención sólo en caso de catástrofes naturales o con el ánimo de resaltar los aspectos negativos, como el narcotráfico, el terrorismo y la violencia.

A pesar de los enormes avances en las telecomunicaciones que permiten de manera inmediata saber que ocurre en cualquier punto del globo terráqueo, seguimos igual o más desinformados que hace un siglo, cuando los acontecimientos los conocíamos con buen retraso de tiempo.

Muchos medios de información han encontrado en estas realidades una mina altamente productiva para explotar, no solo en los noticieros y espacios "informativos", sino en géneros como el reality show y el talking show, que cuentan con altos niveles de rating.

Los grandes medios erigen héroes y antihéroes, construyen estigmas sobre ciertos lugares y personas, motu proprio elaboran listados de buenos y malos, violan el derecho a la privacidad, no solo de los grandes personajes, sino de todos aquellos que puedan ofrecer como espectáculo un drama ejemplar: así, pierden su condición de seres humanos para convertirse en la evidencia contundente e irrefutable del mal que anida en ciertos estratos sociales. Lo que nunca se revela son las condiciones estructurales que explican, más allá de la anécdota, el drama de estos actores sociales.

Finalmente, los medios de información no son sino la expresión más visible de una estructura de desigualdad que tiene que ver no solo con indicadores económicos, sino fundamentalmente con la manera en que los seres humanos se construyen a sí mismos en su relación con los otros, en condiciones de exclusión social e inequidad económica; por lo tanto al relación entre derechos humanos y comunicación debe darse sobre la base de  la equidad social y económica, y que todos podamos pronunciarnos sobre nuestro lugar en el mundo, sin que ello implique una amenaza para nadie.