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2016 Disquisiciones sobre la educación que deseamos y necesitamos

Universidad Cooperativa de ColombiaSala de Conocimiento2016Disquisiciones sobre la educación que deseamos y necesitamos

Disquisiciones sobre la educación que deseamos y necesitamos

Los retos de la educación hoy

Disquisiciones sobre la educación que deseamos y necesitamos

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Hernando Alberto García Jiménez
Especialista Clínico
Psicólogo
Profesor, sede Medellín







"Lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer…”. 
Paulo Freire

"Aprender es lo único de lo que la mente nunca se cansa, nunca teme y nunca se arrepiente” 
Leonardo da Vinci

Introducción


En un país tan convulsionado como nuestra patria, resulta esperanzador y positivo cuestionarnos, reflexionar y actuar sobre y desde la educación como el baluarte de la sana convivencia enmarcada en el respeto y la identidad nacional. La sociedad y la educación se fusionan en el derecho a la ciudadanía, entendida ésta como la “pertenencia a una comunidad compartida de valores en la cual todos tienen una similar relación y poseen un mismo estatus como miembros” Marshall (1949). Ello implica la ciudadanía civil, asociada a la libertad; la ciudadanía política asociada al poder y la ciudadanía social referida a gozar de salud, vivienda, seguridad social, educación según los modelos de la comunidad política en la que se está inserto. 
       
Dentro de los enfoques y estructuras contemporáneos el estudiante (infante y joven) es considerado como un ser eco-dependiente, dado el estado de permeabilidad e impacto de la complicada red de relaciones de su entorno y el ambiente natural económico, social y cultural donde transcurre la vida de dicho estudiante que, por supuesto, influirá en su comportamiento y desarrollo evolutivo; lo más cuestionable es que éstas, en la mayoría de las veces son tan sutiles que no se captan por los modelos tradicionales de análisis y conocimiento. Es por ello, que los profesionales de las ciencias sociales y en especial de la educación, debe hacer eco de este problema porque es necesario conocer la situación para encontrar una explicación cierta al complejo mundo de violencia o abuso en que transcurre la existencia de la niñez y la juventud que estrenan mente y muchas veces corazón bajo nuestra cuidadosa orientación en la academia. 

Como expresa Goleman (1995) “La infancia y la adolescencia son ventanas críticas de oportunidad para fijar los hábitos emocionales esenciales que gobernarán nuestra vida” pero para conocer éstas ventanas de oportunidad hay que tener en cuenta el temperamento del chico, sus antecedentes, sus preferencias, así como su contexto familiar y social (incluyendo el medio escolar). Por lo tanto, la intervención pertinente, comprometida e idónea de los pedagogos y profesionales de ciencias como la psicología, logrará el crecimiento de la autoestima y autovaloración cimentada en el autoconocimiento; enriquecer el vocabulario y las maneras de expresar sentimientos y emociones con asertividad; el autocontrol de sus emociones y sentimientos; el generoso ofrecimiento de sus capacidades para la satisfacción personal y crecimiento grupal y la búsqueda de alternativas de solución frente a circunstancias difíciles. el docente en especial, es quien contribuye a que los estudiantes lean su entorno en constante cambio, sistemático, flexible y dinámico; y le corresponderá al estudiante crear, debatir, construir y corresponsabilizarse de la sociedad en la que vive. 

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La prioridad es reflexionar sobre la calidad y eficacia de las actividades formativas, en sus diferentes modalidades, sobre todo en este momento en el que nos convoca, a quienes hemos vivido la guerra, prepararnos para vivir el postconflicto y por tanto, afrontar los retos de la elaboración de un marco de competencias profesionales que incluya la competencia digital  para el desarrollo de esta renovada y cambiante perspectiva educativa.

Nos ha correspondido vivir en una sociedad de la información con conocimientos múltiples e inciertos y en constante cambio. Ya no existen verdades absolutas y conocimientos duraderos, como dice el sociólogo y filósofo creador del concepto de modernidad líquida, “vivimos en tiempos de acelerados cambios socioculturales provocados en parte por el impacto transformador de las tecnologías digitales. Son tiempos líquidos y la educación requiere nuevos modelos para construir una identidad digital como sujetos con capacidad de sobrevivir y surfear en estas aguas turbulentas.” Bauman (2013). Entender esto implica redefinir la profesión docente y la de los profesionales de las ciencias sociales corresponsables del acto educativo para el siglo XXI. Los informes internacionales coinciden en destacar la importancia de disponer de profesores bien formados para mejorar la calidad educativa, para ello, es necesario disponer de un sistema eficaz de formación docente y de crear los incentivos para el desarrollo profesional y para llevar a cabo una constante labor de innovación educativa.

El verdadero sentido de una buena educación es aprender a vivir mejor como seres humanos y ello implica ser conscientes de que en una sociedad democrática todos somos artífices de nuestro destino y, además, decidimos el de las generaciones venideras. Tenemos un gran desafío que interpela nuestra racionalidad frente a un proceso de paz  que se inicia en las familias, en las aulas, en los barrios y, todo para construir un país equitativo, desarrollado y en paz. La escuela colombiana debe educar en la convivencia pacífica y la empatía enmarcadas en el respeto por la diferencia; en el sentido de resiliencia para la estructuración de la patria que soñamos y en los comportamientos prosociales como base del crecimiento y desarrollo de toda colectividad.  

En conclusión, es importante que las instituciones educativas contribuyan a la formación ética de sus estudiantes no sólo mediante diversos cursos ad hoc, temas específicos en diferentes asignaturas de manera transversal e, inclusive, nuevas materias en el plan de estudios, sino por medio de la promoción de una cultura organizacional que asuma valores como la responsabilidad, el respeto y la honestidad, con el fin de que todos sus miembros académicos, directivos y administrativos, la apliquen en la práctica diaria. El reto es tener un sistema eficaz y eficiente para medir el desempeño de los alumnos y docentes ante ese marco normativo, cuyos resultados retroalimenten a ambos para modificar conductas y convencerlos de sus beneficios, y se conviertan en espejos hacia la familia y la sociedad y se recuperen esos valores. Mientras tanto, el uso de guías de conducta en el aula apoyarán a los padres de familia y profesores en la formación de valores en los estudiantes y contribuirá para asegurarnos de que: “quien transe no avance.”