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2016 La paz y su relación con la nueva era democrática

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La paz y su relación con la nueva era democrática

Tendencias Constitucionales

​La paz y su relación con la nueva era democrática

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Sandra Iveth Ortiz Gómez
Abogada
Especialista en Derecho Constitucional
Especialista en conformación especial en mecanismos de resolución de conflictos y alta gerencia





Con este nuevo paso importante que se está realizando para lograr la paz en Colombia, las negociaciones de la Habana han incentivado la opinión de los colombianos en torno al proceso, por decir el tema de moda, de donde nacen muchas preguntas, y frente a las cuales mi reflexión girará alrededor de dos de las preguntas más sonadas “¿Cuál es el significado de la paz?, ¿Cómo avanzará la paz, si persiste la corrupción? 

Para comenzar el preludio reflexivo de variados conceptos, es preciso tratar de definir en términos filosófico-jurídicos el significado de la paz, desde el más entrañable compromiso social que emana de mi conciencia ciudadana, así entonces, nacido directamente desde los Pactos Internacionales emerge el derecho a la paz, traducido positivamente en el artículo 22 de nuestra Constitución Nacional; la inquietud que surge alrededor de tan anhelado derecho, no encuentra explicación precisa, pues este derecho es un derecho vivo, agobiado de definiciones que parten del contexto que nos rodea y de la experiencia de nuestra vida en Sociedad. No podemos pretender dar una acertada definición de paz, pues a lo largo de la búsqueda insaciable de su significado, encontramos variada literatura, por ejemplo, podría preguntarme ¿qué es la paz para los orientales?, o ¿qué es la paz para los pueblos indígenas? ¿Qué es la paz para el campesino o para el hombre de a pie? 

Como podemos intuir, la paz tiene varios acordes, sí acordes, acorde a lo que vives, acorde a lo que piensas, acorde a lo que eres y así como notas musicales disonantes cada uno la define, así también la paz tiene varios matices; la paz social, la paz política y la paz individual, esto me conduce a definir que si ésta tiene varias definiciones, perspectivas, matices,  entonces la paz son hechos y acciones, no solo buenas razones; así mismo se materializa en diferentes espacios cuya iniciativa debe partir desde el interior de cada uno de nosotros con hechos o pequeñas acciones que estén a nuestro alcance, de acuerdo al entorno que vivamos y al matiz que le imprimamos, sin quedarnos a la espera, pensando que está en manos de otros o que se verá con hechos simplemente suscritos desde la voluntad del Estado.

El significado de la paz se encuentra adormecido en el interior de cada ciudadano colombiano, ligado al paradigma de la democracia representativa, por ello no avanza, por ello no surge, porque hay pocos dolientes.

La actual democracia representativa, está siendo tocada por el dolor del pueblo pidiendo vivir en paz, tratando de encontrar justicia ante la corrupción, debatiéndose entre la necesidad de supervivencia y el hambre que actualmente sugiere el sistema capitalista ya bastante recorrido desde el siglo XIX a nuestros días. El discurso debe cambiar, seguimos dando vueltas en un sinfín, repitiéndonos que no hay democracia, que nuestros representantes si son buenos y conscientes de su compromiso, son anulados por la corrupción que persiste en prevalecer y por ello no puede haber paz, los ciudadanos somos más conscientes de la injusticia, pero pensamos que erradicarla no nos corresponde; es así cuando recorriendo las páginas de antiguos libros encuentro “el contrato social”, aquel escrito, al parecer utópico empieza a tomar forma apenas en este siglo XXI, es el pensamiento político de Jean Jackes Rosseau, que me enamora, el que a través de mi formación profesional me ha hecho ver el mundo, mi contexto de otra forma, pues ese planteamiento que ha quedado sonando en mi cabeza desde hace varios años y que se reafirma con el surgimiento de nuevas tendencias democráticas como lo es la nueva ley 1757 de 2015,  “Estatutaria de los mecanismos de participación ciudadana”, originada en medio de las necesidades plasmadas en la habana, tras un grito desesperado de aquellas víctimas ya sin presente, ni pasado que reclaman atención y que deben ser tenidas en cuenta como parte fundamental del proceso, que ha desembocado en cambios sociales y políticos que no hubiésemos podido imaginar.

Más allá del tema de moda, nos enfrentamos al surgimiento de una nueva era democrática, ¡por fin! aquellas inconformidades que no pasan de la conversación en casa, pueden salir a la luz pública mediante “la participación “, aquel instrumento democrático que transforma sociedades y erradica viejos hábitos administrativos en los que se recarga la conciencia del desarrollo.

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Imagen tomada de: http://bit.ly/2mm9GIJ

La fórmula del presupuesto participativo constituye la nueva era democrática, donde realmente se puede cristalizar la justicia y la paz aplicando el método inductivo, por así decirlo coloquialmente, de lo particular o individual a lo general, no es más que proyectarse uno mismo en sociedad y esa sociedad que se refleje en un Estado donde la democracia es pura y definida en sentido amplio “de los más” como expresara Aristóteles. 

Es necesario el cambio de paradigma, y ya se han dado los primeros pasos, con más participación y menos representación, pero ello no es suficiente, si no existe empoderamiento, es imperativo el compromiso de todos y cada uno para que se haga realidad y en efecto, para que funcione.

Desde el punto de vista Constitucional es un hito hecho realidad, es la puerta que se abre para encontrar la verdadera materialización del aglomerado de derechos constitucionales, para que esos derechos fundamentales que dependen de la realización de los derechos económicos, sociales, culturales y colectivos, sean efectivamente realizados en beneficio de la convivencia social.

La tarea no es fácil, contamos con un acuerdo de paz como inicio, falta materializarlo, entramos en la etapa del post- acuerdo de paz, es apenas una base que necesita solidez y para adquirirla es necesario que haya compromiso y participación de todos, pero esa voluntad debe ser general, hay que empezar por recuperar la confianza ciudadana en las instituciones estatales, ya bastante lastimadas por el flagelo de la corrupción que ha deglutido las últimas bonanzas tras el infiel comportamiento de algunos pocos, cuyo lema es “aprovechar el momento”, pero la vida sigue y seguimos siendo parte de este sistema, de esta Nación, de esta patria que intenta recuperarse de su “estado de coma”.  

Tras estas reflexiones incentivadas por nuevas fórmulas para superar el conflicto y por todas aquellas ilustres mentes que han forjado mi conocimiento, invito a mis conciudadanos a través de estas líneas, para que avancemos en el paso que se ha dado, trasgrediendo el paradigma de la democracia meramente representativa hacia una verdadera Democracia participativa, ¿Cómo lo haremos?... “con el compromiso que nazca en nuestro interior y que se proyecte con acciones reales y eficaces”, participando abiertamente en los espacios creados como mecanismos participativos, cambiando el discurso en el que nos vemos sumidos que afirma: “no hacen”, aquella acepción no es democracia,  recordemos que la playa se forma con diminutos granos de arena, y tal vez pasarán otros tantos años, pero es el momento de mostrar que somos parte de la Nación y recorrer juntos el camino al cambio “por la paz”.

Esa es realmente la nueva tendencia Constitucional, el desarrollo Estatutario de los preceptos del buen ciudadano plasmados en el artículo 95 de nuestra carta política, esa es la pieza fundamental de la democracia que promete un cambio social y político, cuyo texto forjado por la soberanía, debe adquirir un sentido material y eficaz, es el momento que tan hermoso texto, como lo es nuestra carta política, cobre vida en medio de la desesperada búsqueda por la justicia y la equidad. Es el momento de que esos artículos plasmados en numerosas páginas, que inspiran una convivencia social perfecta, enmarcadas en la dignidad humana, abra el camino que por tantos años estuvo cerrado para muchos y abierto solo para unos tantos.