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2016 "Unidos por el Magdalena" evidenció el buen corazón de nuestra comunidad académica.

Universidad Cooperativa de ColombiaCampus Santa MartaSala de prensa2016"Unidos por el Magdalena" evidenció el buen corazón de nuestra comunidad académica.

"Unidos por el Magdalena" evidenció el buen corazón de nuestra comunidad académica.

"Unidos por el Magdalena" evidenció el buen corazón de nuestra comunidad académica.

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Toda la prensa hacia el reporte de la noticia, el huracán Matthew era tendencia nacional y mundial, pero también una amenaza latente para la costa del caribe colombiano, fueron dos días de lluvia constantes y mientras unos pensaban en cómo ir a votar, o  votar por el sí o por el no, familias en el Magdalena tenían el agua como se dice popularmente hasta el cuello.

Habían ciento de familias damnificadas, aun así estábamos más preocupados por unos resultados que nadie esperaba, y como todo en Colombia, llovió, escampó y la noticia del plebiscito pasó, pero algo aún estaba ahí; el agua de los ríos desbordados que encontraron un cause atípico producto de las fuertes y constantes lluvias, llevándose todo a su paso, toda una vida de trabajo y recuerdos de varias familias.

Pasada toda esta calamidad,  el lunes en la mañana en la sala de juntas de nuestra institución, nos reunimos varios de los administrativos preocupados por la situación de la zona Bananera, Aracataca y otros municipios del Magdalena, víctimas de lo que sólo era el coletazo del huracán Matthew, quien más adelante nos demostró en Haití su real magnitud. En esta reunión acordamos recolectar ayudas para llevar a los municipios más afectados por la ola invernal, que en tres días causó este tipo de estragos, alterno a nosotros se encontraba también  la facultad de psicología realizando recolección de ayudas, entonces unimos esfuerzos estudiantes, profesores y administrativos y empezamos a trabajar con un fin común.

DSC_1450.JPGAunque la actividad estuvo abanderada por la facultad de psicología, concentrada en el UPAI, toda la comunidad académica de la institución se puso la mano en el corazón y aportó a esta causa, donando alimentos, ropa, juguetes y dinero que luego se convirtió en mercados; la meta eran 90, superando incluso nuestras propias expectativas, conseguimos más.

Llegó la fecha de la entrega, era viernes 14 de octubre y  todos lo que teníamos previsto viajar, llegamos a las seis de la mañana a las instalaciones de la universidad, no solo con el compromiso laboral y académico de cumplir con la actividad, sino con la voluntad y las ganas de llegar a estas familias con las ayudas.

En nuestro transporte llevábamos más que comida y ropa, llevábamos también jóvenes dispuestas a colaborar, como fue el caso de las estudiantes de últimos semestres de Psicología, quienes realizaron actividades  lúdicas y pedagógicas, de prevención y reacción ante situaciones de amenaza y catástrofes naturales; más de cuarenta familias en cada municipio participaron de las diferentes  dinámicas y recibieron donaciones en mercados, kit de aseo, kit para bebes, ropa y juguetes, pero más que lo material la universidad quería llevar a esas familias un mensaje de esperanza.

Mientras se adelantaba la actividad, iba caminando entre las personas, preguntando qué había pasado, cómo se dio la inundación, todos decían "ya nos habían puesto en alerta, la Gobernación, la Alcaldía y la Defensa Civil se habían pronunciado frente al riesgo" aun así las familias se mantuvieron en sus casas y "a las cinco de la mañana del domingo se vino el rio". Escuchaba los relatos y en mi mente retumbaba una sola pregunta, -si tenían conocimiento de un posible desbordamiento, si hace 17 años ya había pasado algo similar, por qué quedarse, por qué desafiar la naturaleza, y peor aún que ha pasado con el estado y el departamento que en 17 años, no le han encontrado una solución a este riesgo latente que viven las personas que se encuentran en la laderas de los ríos-.

En las paredes de las casas se puede ver la marca de humedad de más  de un metro de altura, que evidencia la magnitud de la inundación, cascarones de televisor, electrodomésticos, colchones, llenos de barro  y arrojados ya como basura yacen en las esquinas de las calles o en las edificaciones abandonadas, siendo la muestra palpable de lo que el agua se llevó, la naturaleza es poderosa, majestuosa y día a día te brinda sus beneficios y bondades, pero a veces demuestra su poder con este tipo de infortunados episodios.

Llegamos a nuestro primer destino, Aracataca, pasadas las 9 de la mañana, las familias fueron llegando poco a poco, los primeros en llegar fueron los niños entusiasmados expectantes y ansiosos por lo que teníamos para ellos, luego en parejas llegaron mujeres, imagino que una vecina pasaba por la otra y así fueron llegando de par en par, quizás para superar la timidez, algunas  con niños de brazos, quienes interrumpiendo sus actividades diarias, nos cumplieron la cita, con la expectativa de saber qué traíamos para compartir. Luego seguimos con rumbo a Guacamayal, aquí la actividad fue diferente, las jóvenes fueron en pareja casa por casa, convocando a todas las familias a llegar al lugar dispuesto para las diferentes dinámicas y charlas, aquí las entregas fueron más rápidas puesto que el cielo se oscurecía sobre nuestras cabezas, amenazando con fuertes lluvias, nos apresuramos en entregarlo todo, fue entonces cuando empezaron a caer las primeras gotas de lluvia y como si se tratara de una estampida de toros lo que se nos viniera encima, todas las personas corrieron a resguardarse en sus viviendas, mientras nosotros recogíamos las cajas vacías y subíamos a nuestro transporte, temerosos de quedar atrapados producto de la tempestad que se avecinaba.

No nos equivocamos, llovió y mucho. El alivio llegó al salir de la vía destapada y tomar la carreta, pero las fuertes lluvias  derribaron varios árboles en la carretera, con esto la naturaleza nos dio una mínima demostración de lo que han vivido o sufrido estas familias, pero no fue temor lo que causó en nosotros, sino más ganas  de seguir trabajando, sino por una solución definitiva, si por tomar medidas de prevención, realizar capacitaciones y crear con la comunidad planes de acción, programas de reacción ante catástrofes naturales, ya no sólo con el programa de Psicología, sino con todas las facultades de nuestra institución, estudiantes, profesores y administrativos que dan lo mejor de sí, haciendo lo mejor por los demás.

Luego de contarles toda esta bonita experiencia, no queda más que agradecer a cada uno de ustedes, si, a ustedes que aportaron y hasta aquellos que tuvieron la intención de ayudar y por olvido u ocupaciones finalmente no pudieron contribuir, ya que si bien viajamos 18 personas las ayudas entregadas llevaban un partecita de toda la comunidad universitaria que demostró su gran corazón.

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